Una mera coincidencia…

Publicado por: Lionel Valentin

Un misionero en Africa iba de camino a un pueblo cuando llegó a un estrecho y turbulento rí­o que habí­a sufrido una crecida. Todos los puentes habí­an sido arrastrados por las aguas. Necesitando desesperadamente pasar al otro lado, se puso de rodillas y le pidió a Dios que le abriese un camino. Justo entonces oyó un estruendo. Un enorme árbol, con las raí­ces minadas por las aguas embravecidas, habí­a caí­do precisamente a través de la corriente

Dio gracias a Dios por haber respondido su oración. Creyó que habí­a visto un milagro. Pero, ¿qué habrí­a sucedido?  si hubiese contado esta historia a un grupo de incrédulos? Probablemente le habrí­an dicho que la caí­da del árbol era un acontecimiento natural, y que el momento en que cayó fue una mera coincidencia.

Estoy convencido de que la caí­da de este árbol fue una respuesta a la oración. Dios responde nuestras peticiones a menudo de una manera que sólo los que tienen perspicacia espiritual pueden ver su mano.

Considera a Nehemí­as. De pie delante del rey, oró silenciosamente. Poco después, dejó la presencia del monarca con todo lo que necesitaba para reconstruir las murallas de Jerusalén y ayudar a los judí­os que habí­an regresado allá.

Ningún milagro patente. Sólo que el rey estaba sorprendentemente dispuesto a ayudar y lleno de generosidad. ¿Quién influyó sobre él? Dios. ¿Por qué? porque Nehemí­as oró.

Dios da la respuesta a nuestras oraciones. Así­ que, ¡sigue orando!

Lo Oración mueve la mano que mueve al mundo.

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